Invitación al Taller-Conferencia: ”El secreto de Pablo para transformar el imperio”

¿Quieres identificar el método que utilizó Pablo para evangelizar a los NO CREYENTES? El Centro Fuego Nuevo lo(a) invita para que participe en la conferencia “El secreto de Pablo para transformar el imperio”. ¡Porque la respuesta ante el reto y desafío que tiene la Iglesia para realizar su tarea de evangelización ante el mundo contemporáneo está en sus manos!

Curso ”Servidor con Corazón de Misericordia”

El Centro Fuego Nuevo y la Escuela de Evangelización del Minuto de Dios, Sede Norte, lo(a) invita al curso “Servidor con corazón de Misericordia”, para que experimente la renovación de su fe, desde la transformación de un corazón misericordioso, al estilo de la Nueva Evangelización.  ¡Les esperamos!

MENSAJE DEL SANTO PADRE FRANCISCO PARA LA I JORNADA MUNDIAL DE LOS POBRES

Mensaje del Santo Padre I Jornada Mundial de los Pobres

Domingo XXXIII del Tiempo Ordinario 19 noviembre 2017

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“No amemos de palabra sino con obras”

  1. «Hijos míos, no amemos de palabra y de boca, sino de verdad y con obras» (1 Jn 3,18). Estas palabras del apóstol Juan expresan un imperativo que ningún cristiano puede ignorar. La seriedad con la que el «discípulo amado» ha transmitido hasta nuestros días el mandamiento de Jesús se hace más intensa debido al contraste que percibe entre las palabras vacías presentes a menudo en nuestros labios y los hechos concretos con los que tenemos que enfrentarnos. El amor no admite excusas: el que quiere amar como Jesús amó, ha de hacer suyo su ejemplo; especialmente cuando se trata de amar a los pobres. Por otro lado, el modo de amar del Hijo de Dios lo conocemos bien, y Juan lo recuerda con claridad. Se basa en dos pilares: Dios nos amó primero (cf. 1 Jn 4,10.19); y nos amó dando todo, incluso su propia vida (cf. 1 Jn 3,16). Un amor así no puede quedar sin respuesta. Aunque se dio de manera unilateral, es decir, sin pedir nada a cambio, sin embargo inflama de tal manera el corazón que cualquier persona se siente impulsada a corresponder, a pesar de sus limitaciones y pecados. Y esto es posible en la medida en que acogemos en nuestro corazón la gracia de Dios, su caridad misericordiosa, de tal manera que mueva nuestra voluntad e incluso nuestros afectos a amar a Dios mismo y al prójimo. Así, la misericordia que, por así decirlo, brota del corazón de la Trinidad puede llegar a mover nuestras vidas y generar compasión y obras de misericordia en favor de nuestros hermanos y hermanas que se encuentran necesitados.
  2. «Si el afligido invoca al Señor, él lo escucha» (Sal 34,7). La Iglesia desde siempre ha comprendido la importancia de esa invocación. Está muy atestiguada ya desde las primeras páginas de los Hechos de los Apóstoles, donde Pedro pide que se elijan a siete hombres «llenos de espíritu y de sabiduría» (6,3) para que se encarguen de la asistencia a los pobres. Este es sin duda uno de los primeros signos con los que la comunidad cristiana se presentó en la escena del mundo: el servicio a los más pobres. Esto fue posible porque comprendió que la vida de los discípulos de Jesús se tenía que manifestar en una fraternidad y solidaridad que correspondiese a la enseñanza principal del Maestro, que proclamó a los pobres como bienaventurados y herederos del Reino de los cielos (cf. Mt 5,3). «Vendían posesiones y bienes y los repartían entre todos, según la necesidad de cada uno» (Hch 2,45). Estas palabras muestran claramente la profunda preocupación de los primeros cristianos. El evangelista Lucas, el autor sagrado que más espacio ha dedicado a la misericordia, describe sin retórica la comunión de bienes en la primera comunidad. Con ello desea dirigirse a los creyentes de cualquier generación, y por lo tanto también a nosotros, para sostenernos en el testimonio y animarnos a actuar en favor de los más necesitados. El apóstol Santiago manifiesta esta misma enseñanza en su carta con igual convicción, utilizando palabras fuertes e incisivas: «Queridos hermanos, escuchad: ¿Acaso no ha elegido Dios a los pobres del mundo para hacerlos ricos en la fe y herederos del reino, que prometió a los que le aman? Vosotros, en cambio, habéis afrentado al pobre. Y sin embargo, ¿no son los ricos los que os tratan con despotismo y los que os arrastran a los tribunales? […] ¿De qué le sirve a uno, hermanos míos, decir que tiene fe, si no tiene obras? ¿Es que esa fe lo podrá salvar? Supongamos que un hermano o una hermana andan sin ropa y faltos del alimento diario, y que uno de vosotros les dice: “Dios os ampare; abrigaos y llenaos el estómago”, y no les dais lo necesario para el cuerpo; ¿de qué sirve? Esto pasa con la fe: si no tiene obras, por sí sola está muerta» (2,5-6.14-17).
  1. Ha habido ocasiones, sin embargo, en que los cristianos no han escuchado completamente este llamamiento, dejándose contaminar por la mentalidad mundana. Pero el Espíritu Santo no ha dejado de exhortarlos a fijar la mirada en lo esencial. Ha suscitado, en efecto, hombres y mujeres que de muchas maneras han dado su vida en servicio de los pobres. Cuántas páginas de la historia, en estos dos mil años, han sido escritas por cristianos que con toda sencillez y humildad, y con el generoso ingenio de la caridad, han servido a sus hermanos más pobres. Entre ellos destaca el ejemplo de Francisco de Asís, al que han seguido muchos santos a lo largo de los siglos. Él no se conformó con abrazar y dar limosna a los leprosos, sino que decidió ir a Gubbio para estar con ellos. Él mismo vio en ese encuentro el punto de inflexión de su conversión: «Cuando vivía en el pecado me parecía algo muy amargo ver a los leprosos, y el mismo Señor me condujo entre ellos, y los traté con misericordia. Y alejándome de ellos, lo que me parecía amargo se me convirtió en dulzura del alma y del cuerpo» (Test 1-3; FF 110). Este testimonio muestra el poder transformador de la caridad y el estilo de vida de los cristianos. No pensemos sólo en los pobres como los destinatarios de una buena obra de voluntariado para hacer una vez a la semana, y menos aún de gestos improvisados de buena voluntad para tranquilizar la conciencia. Estas experiencias, aunque son válidas y útiles para sensibilizarnos acerca de las necesidades de muchos hermanos y de las injusticias que a menudo las provocan, deberían introducirnos a un verdadero encuentro con los pobres y dar lugar a un compartir que se convierta en un estilo de vida. En efecto, la oración, el camino del discipulado y la conversión encuentran en la caridad, que se transforma en compartir, la prueba de su autenticidad evangélica. Y esta forma de vida produce alegría y serenidad espiritual, porque se toca con la mano la carne de Cristo. Si realmente queremos encontrar a Cristo, es necesario que toquemos su cuerpo en el cuerpo llagado de los pobres, como confirmación de la comunión sacramental recibida en la Eucaristía. El Cuerpo de Cristo, partido en la sagrada liturgia, se deja encontrar por la caridad compartida en los rostros y en las personas de los hermanos y hermanas más débiles. Son siempre actuales las palabras del santo Obispo Crisóstomo: «Si queréis honrar el cuerpo de Cristo, no lo despreciéis cuando está desnudo; no honréis al Cristo eucarístico con ornamentos de seda, mientras que fuera del templo descuidáis a ese otro Cristo que sufre por frío y desnudez» (Hom. in Matthaeum, 50,3: PG 58). Estamos llamados, por lo tanto, a tender la mano a los pobres, a encontrarlos, a mirarlos a los ojos, a abrazarlos, para hacerles sentir el calor del amor que rompe el círculo de soledad. Su mano extendida hacia nosotros es también una llamada a salir de nuestras certezas y comodidades, y a reconocer el valor que tiene la pobreza en sí misma.
  1. No olvidemos que para los discípulos de Cristo, la pobreza es ante todo vocación para seguir a Jesús pobre. Es un caminar detrás de él y con él, un camino que lleva a la felicidad del reino de los cielos (cf. Mt 5,3; Lc 6,20). La pobreza significa un corazón humilde que sabe aceptar la propia condición de criatura limitada y pecadora para superar la tentación de omnipotencia, que nos engaña haciendo que nos creamos inmortales. La pobreza es una actitud del corazón que nos impide considerar el dinero, la carrera, el lujo como objetivo de vida y condición para la felicidad. Es la pobreza, más bien, la que crea las condiciones para que nos hagamos cargo libremente de nuestras responsabilidades personales y sociales, a pesar de nuestras limitaciones, confiando en la cercanía de Dios y sostenidos por su gracia. La pobreza, así entendida, es la medida que permite valorar el uso adecuado de los bienes materiales, y también vivir los vínculos y los afectos de modo generoso y desprendido (cf. Catecismo de la Iglesia Católica, nn. 25-45). Sigamos, pues, el ejemplo de san Francisco, testigo de la auténtica pobreza. Él, precisamente porque mantuvo los ojos fijos en Cristo, fue capaz de reconocerlo y servirlo en los pobres. Si deseamos ofrecer nuestra aportación efectiva al cambio de la historia, generando un desarrollo real, es necesario que escuchemos el grito de los pobres y nos comprometamos a sacarlos de su situación de marginación. Al mismo tiempo, a los pobres que viven en nuestras ciudades y en nuestras comunidades les recuerdo que no pierdan el sentido de la pobreza evangélica que llevan impresa en su vida.
  1. Conocemos la gran dificultad que surge en el mundo contemporáneo para identificar de forma clara la pobreza. Sin embargo, nos desafía todos los días con sus muchas caras marcadas por el dolor, la marginación, la opresión, la violencia, la tortura y el encarcelamiento, la guerra, la privación de la libertad y de la dignidad, por la ignorancia y el analfabetismo, por la emergencia sanitaria y la falta de trabajo, el tráfico de personas y la esclavitud, el exilio y la miseria, y por la migración forzada. La pobreza tiene el rostro de mujeres, hombres y niños explotados por viles intereses, pisoteados por la lógica perversa del poder y el dinero. Qué lista inacabable y cruel nos resulta cuando consideramos la pobreza como fruto de la injusticia social, la miseria moral, la codicia de unos pocos y la indiferencia generalizada. Hoy en día, desafortunadamente, mientras emerge cada vez más la riqueza descarada que se acumula en las manos de unos pocos privilegiados, con frecuencia acompañada de la ilegalidad y la explotación ofensiva de la dignidad humana, escandaliza la propagación de la pobreza en grandes sectores de la sociedad entera. Ante este escenario, no se puede permanecer inactivos, ni tampoco resignados. A la pobreza que inhibe el espíritu de iniciativa de muchos jóvenes, impidiéndoles encontrar un trabajo; a la pobreza que adormece el sentido de responsabilidad e induce a preferir la delegación y la búsqueda de favoritismos; a la pobreza que envenena las fuentes de la participación y reduce los espacios de la profesionalidad, humillando de este modo el mérito de quien trabaja y produce; a todo esto se debe responder con una nueva visión de la vida y de la sociedad. Todos estos pobres —como solía decir el beato Pablo VI— pertenecen a la Iglesia por «derecho evangélico» (Discurso en la apertura de la segunda sesión del Concilio Ecuménico Vaticano II, 29 septiembre 1963) y obligan a la opción fundamental por ellos. Benditas las manos que se abren para acoger a los pobres y ayudarlos: son manos que traen esperanza. Benditas las manos que vencen las barreras de la cultura, la religión y la nacionalidad derramando el aceite del consuelo en las llagas de la humanidad. Benditas las manos que se abren sin pedir nada a cambio, sin «peros» ni «condiciones»: son manos que hacen descender sobre los hermanos la bendición de Dios.
  1. Al final del Jubileo de la Misericordia quise ofrecer a la Iglesia la Jornada Mundial de los Pobres, para que en todo el mundo las comunidades cristianas se conviertan cada vez más y mejor en signo concreto del amor de Cristo por los últimos y los más necesitados. Quisiera que, a las demás Jornadas mundiales establecidas por mis predecesores, que son ya una tradición en la vida de nuestras comunidades, se añada esta, que aporta un elemento delicadamente evangélico y que completa a todas en su conjunto, es decir, la predilección de Jesús por los pobres. Invito a toda la Iglesia y a los hombres y mujeres de buena voluntad a mantener, en esta jornada, la mirada fija en quienes tienden sus manos clamando ayuda y pidiendo nuestra solidaridad. Son nuestros hermanos y hermanas, creados y amados por el Padre celestial. Esta Jornada tiene como objetivo, en primer lugar, estimular a los creyentes para que reaccionen ante la cultura del descarte y del derroche, haciendo suya la cultura del encuentro. Al mismo tiempo, la invitación está dirigida a todos, independientemente de su confesión religiosa, para que se dispongan a compartir con los pobres a través de cualquier acción de solidaridad, como signo concreto de fraternidad. Dios creó el cielo y la tierra para todos; son los hombres, por desgracia, quienes han levantado fronteras, muros y vallas, traicionando el don original destinado a la humanidad sin exclusión alguna.
  1. Es mi deseo que las comunidades cristianas, en la semana anterior a la Jornada Mundial de los Pobres, que este año será el 19 de noviembre, Domingo XXXIII del Tiempo Ordinario, se comprometan a organizar diversos momentos de encuentro y de amistad, de solidaridad y de ayuda concreta. Podrán invitar a los pobres y a los voluntarios a participar juntos en la Eucaristía de ese domingo, de tal modo que se manifieste con más autenticidad la celebración de la Solemnidad de Cristo Rey del universo, el domingo siguiente. De hecho, la realeza de Cristo emerge con todo su significado más genuino en el Gólgota, cuando el Inocente clavado en la cruz, pobre, desnudo y privado de todo, encarna y revela la plenitud del amor de Dios. Su completo abandono al Padre expresa su pobreza total, a la vez que hace evidente el poder de este Amor, que lo resucita a nueva vida el día de Pascua. En ese domingo, si en nuestro vecindario viven pobres que solicitan protección y ayuda, acerquémonos a ellos: será el momento propicio para encontrar al Dios que buscamos. De acuerdo con la enseñanza de la Escritura (cf. Gn 18, 3-5; Hb 13,2), sentémoslos a nuestra mesa como invitados de honor; podrán ser maestros que nos ayuden a vivir la fe de manera más coherente. Con su confianza y disposición a dejarse ayudar, nos muestran de modo sobrio, y con frecuencia alegre, lo importante que es vivir con lo esencial y abandonarse a la providencia del Padre.
  1. El fundamento de las diversas iniciativas concretas que se llevarán a cabo durante esta Jornada será siempre la oración. No hay que olvidar que el Padre nuestro es la oración de los pobres. La petición del pan expresa la confianza en Dios sobre las necesidades básicas de nuestra vida. Todo lo que Jesús nos enseñó con esta oración manifiesta y recoge el grito de quien sufre a causa de la precariedad de la existencia y de la falta de lo necesario. A los discípulos que pedían a Jesús que les enseñara a orar, él les respondió con las palabras de los pobres que recurren al único Padre en el que todos se reconocen como hermanos. El Padre nuestro es una oración que se dice en plural: el pan que se pide es «nuestro», y esto implica comunión, preocupación y responsabilidad común. En esta oración todos reconocemos la necesidad de superar cualquier forma de egoísmo para entrar en la alegría de la mutua aceptación.
  1. Pido a los hermanos obispos, a los sacerdotes, a los diáconos —que tienen por vocación la misión de ayudar a los pobres—, a las personas consagradas, a las asociaciones, a los movimientos y al amplio mundo del voluntariado que se comprometan para que con esta Jornada Mundial de los Pobres se establezca una tradición que sea una contribución concreta a la evangelización en el mundo contemporáneo. Que esta nueva Jornada Mundial se convierta para nuestra conciencia creyente en un fuerte llamamiento, de modo que estemos cada vez más convencidos de que compartir con los pobres nos permite entender el Evangelio en su verdad más profunda. Los pobres no son un problema, sino un recurso al cual acudir para acoger y vivir la esencia del Evangelio.

Vaticano, 13 de junio de 2017

Memoria de San Antonio de Padua – FRANCISCO
©  Libreria Editrie Vaticana

ENCUENTRO DE OBSERVATORIOS DE AMÉRICA LATINA Y EL CARIBE

El centro de Formación para la Nueva Evangelización y Catequesis (CEFNEC), participó del 20 al 22 de abril, del primer Encuentro de Observatorios y Centros de Investigación de América Latina y el Caribe, organizado por la Escuela Social del CEBITEPAL –el Centro de Estudios del CELAM–, en Bogotá (Colombia).

En el encuentro participaron delegaciones de 11 países (Argentina, Brasil, Chile, Colombia, Costa Rica, El Vaticano, México, Paraguay, Perú, República Dominicana y Uruguay), que se reunieron con el propósito de reconocer la tarea que cada uno desarrolla y avanzar hacia la configuración de una articulación continental.

Las 15 organizaciones que participaron fueron: [1] el Observatorio socio-eclesial “Signos de los Tiempos” de Perú, [2] el Observatorio Eclesial de México, [3] el Observatorio Eclesial de Amerindia (con sede en Uruguay), [4] el Observatorio Iglesia y Sociedad de Chile, [5] el Observatorio Socio Pastoral del CELAM (con sede en Colombia), [6] el Observatorio de Nueva Evangelización de El Vaticano, [7] el Observatorio Laudato Si’ de Costa Rica, [8] el Instituto Mexicano de Doctrina Social Cristiana (IMDOSOC) de México, [9] el Observatorio de la Arquidiócesis de Bogotá (Colombia), [10] el Centro Bonó de República Dominicana, [11] el Centro de Investigación y Educación Popular (CINEP) de Colombia, [12] el Observatorio Social de Brasil, [13] el Centro de Investigación Social Avanzada (CISAV) de México, [14] el Centro Estratégico de Investigación, Discernimiento y Proyección Pastoral de la Conferencia Episcopal de Colombia y [15] el Centro de Formación para la Nueva Evangelización y Catequesis de Uniminuto junto al Parque de Innovación Social de Uniminuto.

MOOC Biblia y Violencia

A raíz de las situaciones de violencia y guerra experimentadas en Colombia, América Latina y el mundo, el Centro de Formación para la Nueva Evangelización y Catequesis CEFNEC de UNIMINUTO y el Observatorio de este organismo llevaron a cabo una investigación a la luz de la Palabra de Dios sobre los temas “Evangelización,  Paz y Noviolencia”. El resultado de esa investigación es el MOOC “Biblia y Violencia”.

Este MOOC quiere ser un aporte del CEFNEC a la resolución del conflicto y al compromiso por la justicia, el perdón y la paz.

↓↓↓ Los invitamos a conocer el MOOC en el siguiente acceso ↓↓↓

miriada

VISITA A UNIMINUTO DEL SR. ARZOBISPO RINO FISICHELLA PRESIDENTE DEL PONTIFICIO CONSEJO PARA LA PROMOCIÓN DE LA NUEVA EVANGELIZACIÓN

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El pasado 27 de Agosto, en horas de la tarde, UNIMINUTO y su Centro de Formación para la Nueva Evangelización y Catequesis, CEFNEC, recibieron la visita del Sr. Arzobispo Rino Fisichella, Presidente del Pontificio Consejo para la Promoción de la Nueva Evangelización de Roma.

El Presidente del Dicasterio romano respondía a una invitación hecha por el P. Diego Jaramillo, presidente de la Organización Minuto de Dios, para que conociera el Obra Minuto de Dios, la Universidad Minuto de Dios y el Centro de Formación para la Nueva Evangelización y Catequesis, CEFNEC.

Monseñor Fisichella vino acompañado del Señor Nuncio Apostólico en Colombia, Mons. Ettore Balestrero, de Monseñor Graham Bell, subsecretario del Pontificio Consejo, de los oficiales Padre Alejandro Díaz García y Dr. Ricardo Piacci.

Participaron de esta recepción el Sr. Obispo de Engativá, Mons. Francisco Nieto, los Rectores General, de Sede Principal y de UVD de Uniminuto, el Superior General de los Padres Eudista Padre Camilo Bernal, otros directivos de UNIMINUTO y los integrantes del CEFNEC.

La recepción inició con un saludo de bienvenida del P. Diego Jaramillo, Presidente de OMD y continuó con un video que presentaba la OMD y la UNIMINUTO.

El P. Mario F. Hormaza, director del CEFNEC, presento la naturaleza del Centro, su observatorio y las realizaciones en Nueva Evangelización llevadas a cabo en los tres años de existencia del Centro y del Observatorio. Al mismo tiempo reiteró los agradecimientos al Pontificio Consejo para la Promoción de la Nueva Evangelización y Catequesis por el decidido y constante apoyo recibido de ese Dicasterio.

Con ocasión de esta visita se hizo el lanzamiento oficial del MOOC (Massive Online Open Course) titulado Biblia y Violencia, producto de la investigación del CEFNEC y su Observatorio de Nueva Evangelización.

La Universidad para exaltar, rendir honores y agradecer, otorgó al Pontificio Consejo para la Promoción de la Nueva Evangelización, en la persona de su Presidente el Sr. Arzobispo Rino Fisichella, la condecoración Orden al Mérito Universitario UNIMINUTO en el grado Gran Cruz.

La imposición de esta condecoración se llevó a cabo durante este acto.

El Sr. Arzobispo Rino Fisichella dirigió unas palabras a los asistentes en las que compartió su visión sobre el deber ser de una Universidad y especialmente de orientación católica, elogió la acción realizada por El Minuto de Dios, la Universidad y el CEFNEC, agradeció la invitación, la condecoración y la cálida acogida.

La recepción finalizó con un Vino de honor ofrecido por la Universidad a los visitantes y asistentes.

VISITA INTERNACIONAL AL CENTRO

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En días pasados el Centro de Formación para la Nueva Evangelización (CFNE) fue visitado por el matrimonio peruano de María y Willy Martínez provenientes de Perú, más específicamente del distrito de Lurín, perteneciente a la provincia de Lima, Perú. Paulatinamente su identidad regional ha ido cambiando, ha dejado de ser una riqueza agrícola, para llegar a ser uno de los distritos más industrializados de la capital peruana.

Ese cambio de mentalidad, despierta grandes desafíos a la Iglesia, por eso el obispo de la Diócesis de Lurín, Monseñor Carlos García Camader, envío a María y Willy a conocer la experiencia evangelizadora del Minuto de Dios, para aplicar posteriormente las experiencias más pertinentes, que luego se pudieran replicar entre ellos.

Luego de conocer los orígenes, finalidad y metodología evangelizadora del CFNE, socializaron entre nosotros sus expectativas y necesidades formación en la Nueva Evangelización, porque es el camino más indicado para renovar la Diócesis de Lurín en fidelidad a la Iglesia y como respuesta a las grandes interrogantes quela cultura le plantea a la acción pastoral eclesial.

La presencia de María y Willy entre nosotros, evidencia el proyecto de internacionalización del CFNE, dedicado a formar agentes de evangelización dentro y fuera del país. Los encomendamos en nuestras oraciones, con el firme convencimiento que pronto estaremos cumpliendo con nuestra misión en tierras peruanas.-

NUEVO INTEGRANTE DEL EQUIPO DIRECTIVO Y DOCENTE DEL CENTRO DE FORMACIÓN PARA LA NUEVA EVANGELIZACIÓN Y CATEQUESIS

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El Consejo Pontificio para la Promoción de la Nueva Evangelización de la Santa Sede, uno de los aliados de nuestro Centro de Nueva Evangelización, CFNE, nos solicitó el año pasado asumir también el trabajo de formación de agentes de Catequesis.

Los Aliados del Centro de Nueva Evangelización se reunieron en Bogotá en febrero pasado y aceptaron la solicitud del Pontificio Consejo.

Con el fin de estructurar esta nueva área de la Catequesis, en el Centro de Nueva Evangelización,

Llega ahora como integrante del equipo directivo y docente, el Padre Manuel José Jiménez Rodríguez, sacerdote de la Arquidiócesis de Bogotá, a quien se le ha encomendado la dirección académica del área de Catequesis del que de ahora en adelante se llamará CENTRO DE FORMACIÓN PARA LA NUEVA EVANGELIZACIÓN Y CATEQUESIS, CEFNEC.

El P. Manuel José Jiménez es ampliamente conocido en el campo de la Catequesis a nivel nacional e internacional.

Es Licenciado en Teología por la Pontificia Universidad Javeriana de Bogotá.

Doctor en Teología Pastoral con énfasis en Pastoral Juvenil y Catequesis por la Pontificia Universidad Salesiana de Roma.

Posdoctorado en Ciencias Sociales, Niñez y Juventud del CINDE, Universidad de Manizales y Pontificia Universidad Católica de Sao Paulo, Brasil, con el aval del Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales, CLACSO.

Especialización en Gerencia Social de la Educación por la Universidad Pedagógica Nacional.

Diplomado en Docencia Universitaria por la Pontificia Universidad Javeriana de Bogotá.

Posee una vasta experiencia docente en Seminarios, Colegios y Universidades de Colombia y del exterior.

Ha sido Capellán de la Universidad Nacional de Colombia en Bogotá.

Es Director de Investigaciones de la Fundación Universitaria Monserrate en Bogotá.

Es miembro del grupo de investigación en Teología CERNIR; de la Sociedad de Catequetas de América Latina, SCALA; de la red de teólogos para América Latina ITEPAL-CELAM; del Observatorio para la Paz, Bogotá; de la sociedad Amerindia Continental y de otras redes de investigación a nivel nacional y latinoamericano.

Es autor o coautor de aproximadamente veinte publicaciones centradas principalmente en temas de catequesis y educación.

Le damos la bienvenida a Uniminuto y al Centro de Formación para la Nueva Evangelización y Catequesis, CEFNEC, al P. Manuel José Jiménez y le auguramos éxitos y realizaciones en la misión de formar agentes de Catequesis en el ámbito de la Nueva Evangelización.

TALLERES DE NUEVA EVANGELIZACIÓN

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El Centro de Formación de Nueva Evangelización, CFNE, de UNIMINUTO, impartió sendos talleres de Nueva Evangelización a estudiantes de la Escuela de Evangelización, Sede Norte, del Centro Carismático Minuto de Dios.

Al finalizar los cursos, que fueron muy bien evaluados, los participantes recibieron la correspondiente certificación de asistencia.

La Sra. Elizabet de Cadena, Directora de la Escuela de Evangelización, Sede Norte, ha solicitado al Centro de Formación de Nueva Evangelización estudiar la posibilidad de ofrecer nuevos cursos y talleres para los participantes de la Escuela.

 

SACRAMENTO DE LA CONFIRMACIÓN Y NUEVA EVANGELIZACIÓN

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El Centro de Formación para la Nueva Evangelización, de UNIMINUTO, con el concurso de la Emisora Minuto de Dios, realizó el segundo curso de preparación al Sacramento de la Confirmación para adultos.

Con un temario aprobado por el Sr. Obispo de Engativá, desarrollado en 40 horas presenciales, 69 adultos convocados por la Emisora Minuto de Dios recibieron, el 21 de mayo, el Sacramento de la Confirmación, celebrado por Monseñor Francisco Antonio Nieto, en la Catedral de Engativá.

Quienes recibieron el sacramento descubrieron, a través del curso, que la Confirmación es el sacramento de la madurez cristiana para el creyente que, al mismo tiempo, renueva en él la misión de ser evangelizador permanente en el mundo y en sociedad actual.