Centro Fuego Nuevo ahora es parte de la nueva Facultad de UNIMINUTO

UNIMINUTO crea la Facultad de Estudios Bíblicos, Pastorales y de Espiritualidad

A partir del 1 de agosto de 2019, La Sede Principal de UNIMINUTO cuenta con la presencia y los aportes de una nueva unidad académica: La FACULTAD DE ESTUDIOS BÍBLICOS, PASTORALES Y DE ESPIRITUALIDAD, la cual organiza y coordina acciones y escenarios de reflexión, investigación y enseñanza, en torno a las sagradas escrituras, la acción pastoral y el fortalecimiento espiritual del ser humano. Asimismo, busca agregar valor a la formación de toda la comunidad académica, fundamentado en el evangelio, el Pensamiento Social de la Iglesia, el Pensamiento del Padre Rafael García Herreros y la Espiritualidad Eudista, con el fin de transformar vidas y construir un país más justo y equitativo, como reza nuestra Misión Institucional.

La nueva facultad, que está bajo el liderazgo de una Decanatura, apoyada por una secretaría académica, está conformada por el Instituto Bíblico Pastoral Latinoamericano con el Programa de Ciencias Bíblicas, el Centro Rafael García Herreros – Pensamiento Social de la Iglesia, el Centro Fuego Nuevo y el Centro de Espiritualidad Eudista, desde donde se desarrollarán las funciones sustantivas de docencia, investigación y proyección social.

El Decano de la Facultad de Estudios Bíblicos, Pastorales y de Espiritualidad, es el Padre Fidel Oñoro, sacerdote, miembro de la Congregación de Jesús y María (Padres Eudistas). Es Magíster en Teología de la Pontificia Universidad Javeriana y Magíster en Ciencias Bíblicas del Pontificio Instituto Bíblico. Estudió Arqueología Bíblica en la Escuela Bíblica de Jerusalén y Crítica textual en la Universidad de Birmingham (Inglaterra). Entre las labores que ha desempeñado, destacan: Responsable del Tiempo de Espiritualidad Eudista y Escuela Francesa; Rector del Seminario Regional Nordeste I, en Fortaleza, Brasil; Vicerrector Académico de UNIMINUTO; Fundador y Decano del Instituto Bíblico Pastoral para América Latina de UNIMINUTO; Director del Centro Bíblico Pastoral para América Latina del CELAM; y Presidente de la Asociación de Escrituristas católicos de Colombia, entre otros.

UNIMINUTO, por intermedio de la Sede Principal, fortalece la comunidad académica y el desarrollo de la ciencia, a través de la conformación de estructuras que respondan a estos desafíos. De esta manera, la experiencia lograda en los últimos años, ha permitido que la Sede Principal tenga mecanismos organizacionales que fundamenten el desarrollo de las funciones sustantivas en cinco facultades conformadas. Sin embargo, atendiendo a la naturaleza de la Institución, se decidió estructurar una unidad que respondiera a la madurez académica de la Sede y a la Espiritualidad Eudista, fortaleciendo la formación académica de calidad, desarrollando la investigación y trascendiendo a la sociedad.

Tomado de: www.uniminuto.edu

Homenaje a Monseñor Emigdio Piñeros Cárdenas

“Amo mis catequistas, ellos son quienes le han dado sentido a mi vida sacerdotal”

Nació en Manta – Cundinamarca el 25 de abril de 1925. Hijo de Amelia Cárdenas y Zabulón Piñeros quienes lo educaron con gran fervor en su experiencia de fe. Monseñor Emigdio es el segundo de 10 hermanos (7 hombres y 3 mujeres) y recuerda con alegría la bonita amistad que existía entre todos. Emprendió su trabajo en la Iglesia con tan sólo 7 años a través de su servicio como monaguillo en la parroquia de su municipio, allí acudía con gran fervor todos los domingos a ayudar en todo lo que fuese necesario. Siempre manifestó el deseo de ser sacerdote, pero un hecho desafortunado le hizo pensar que no lo lograría: un día su madre lo envió a alimentar unos pollos y uno de estos animales se lanzó sobre él hiriéndole el ojo izquierdo, hecho que le provocó la pérdida de la visión. Tan sólo le quedaba la esperanza de que su ojo derecho le ayudaría a ver y pudiera convertirse en sacerdote. En 1940 sus padres se arriesgaron a presentarlo al Seminario Menor de Bogotá (Escuela Apostólica de San Benito) para que empezara sus estudios de bachillerato. Monseñor Piñeros contaba que su vocación sacerdotal había estado enmarcada por el catecismo, pues estando en quinto de primaria, el padre promotor vocacional de la Arquidiócesis de Bogotá había visitado la escuela y realizado un concurso sobre el catecismo Ateste, el cual él había ganado.

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Entre 1946 y 1952 hizo sus estudios de filosofía y teología en el Seminario Mayor de Bogotá. Se ordenó como sacerdote en el mes de noviembre de este último año. Fue vicario cooperador de su parroquia los primeros meses de 1953 y luego pasó a ser vicario parroquial a la Catedral Diocesana de Zipaquirá. En este momento de la historia se fundaba lo que hoy conocemos como la Diócesis de Zipaquirá. “Mi diócesis y yo nacimos al mismo tiempo y desde entonces hemos crecido y envejecido juntos”.

Entre 1954 y 1956 fue párroco en los municipios de Tausa y Carupa de la región de Ubaté. Las experiencias con estas dos comunidades lo llevaron a descubrir que su vocación era la de ayudar a las personas a vivir dignamente, pero no se sentía preparado para asumir el reto, pues consideraba que el trabajo social era una gran responsabilidad con su Iglesia y con el mundo. Por tal motivo consiguió los recursos económicos y realizó sus estudios en Ciencias Sociales y Doctrina Social de la Iglesia en la Universidad Javeriana de Bogotá. Sin embargo, aún seguía considerando escaso lo visto hasta entonces por ello decidió asumir un reto mayor: viajó a Europa y se especializó en Ciencias Sociales a través del Instituto Social León XIII de Madrid y luego se especializó en Sicología Social en la Universidad Católica de Lovaina en Bélgica.

Regresó a Colombia en 1960 con el ánimo de compartir todos sus conocimientos con las comunidades, pero tuvo que asumir cargos de oficina y nunca más volvió a ser párroco. El padre Piñeros, como es conocido en Zipaquirá, sintió que había perdido su tiempo de estudio. Sin embargo, no fue así, al contrario, descubrió que desde sus cargos generales tenía la oportunidad de trabajar no solo con una comunidad sino con todas las parroquias. Se desempeñó como delegado de La Acción Católica Diocesana (1960-1965), Director de Cáritas Diocesana (1967-2004), Acción Social (1960-1970), Acción Cultural Popular (1960-1972), Notario Eclesiástico (desde 1960) y Vicario General de 4 obispos entre los años 1960 y 1985. Como si fuera poco también asumió la docencia en filosofía, doctrina social y catequesis en los Seminarios Mayores de Bogotá y Zipaquirá, también fue director de las Escuelas Radiofónicas y la Pastoral Social de los municipios pertenecientes a la Diócesis de Zipaquirá. Muchas personas se beneficiaron con ropa, alimentación, estudio y vivienda que, desde éstas entidades, monseñor Piñeros pudo ofrecerles.

Con tantas tareas fue limitado el tiempo que compartió con su familia, sin embargo, siempre se encargó del estudio de sus hermanos menores y estuvo pendiente de sus padres hasta que fallecieron. Sus pocos espacios de descanso los dedicaba a leer, siempre fue su mayor pasión. También contaba con emoción que siempre le había gustado el fútbol y que ese era el deporte que más practicó como seminarista, aunque reconocía que no era el mejor.

Su mayor orgullo, contaba fue cuando en 1970 fue designado como delegado de la Pastoral de Catequesis y emprendió un recorrido por toda la Diócesis formando a la gente más sencilla, en su mayoría campesina. Son muchas las personas que aprendieron de este gran maestro, no solo por sus enseñanzas sino por su entrega generosa, siempre fue solidario con los más pobres y donó cientos de textos de formación para que la gente aprendiera a leer y escribir. Luego de arduos años de lucha, con algunos ahorros personales y ayudas que le suministraron varias fundaciones de Alemania logró construir una casa de formación en Zipaquirá para catequistas denominada Instituto Catequístico. Hasta entonces ésta ha sido la sede de encuentros, celebraciones y congresos donde los catequistas han gozado de estudios catequísticos, de espacios de entretenimiento y formación humana y cristiana. En 2009 hizo su retiro oficial de las actividades pastorales de la Iglesia, y en ese mismo año sufrió un infarto que lo dejó varios días en estado de coma.

Debido a su cargo como Vicario General y por sus obras en beneficio de la sociedad, tiene el título honorífico de Monseñor concedido por el ahora santo Juan Pablo II. Además, el 3 de agosto de 2012, fiesta de los Mártires Zipaquireños le fue otorgado el premio “Orden de la Sal” en reconocimiento por su labor social. En este mismo año las autoridades eclesiásticas le hicieron varios homenajes en agradecimiento por cumplir 60 años de servicio a la Iglesia.  Él consideraba que no son los títulos, sino el cariño de la gente lo que en verdad lo hacía sentir plenamente feliz.

María Oliva Gutiérrez

Directora Académica – Instituto Catequístico de Zipaquirá – Colombia

 

Primer encuentro Diocesano de Proclamadores

Taller: Pentecostés del Servidor

El Centro Fuego Nuevo realizó el siguiente taller de Pentecostés los miércoles, del 8 al 29 de mayo, desde una metodología innovadora y constructiva con los Agentes de pastoral, Servidores de la Escuela de Evangelización del Minuto de Dios – Sede Norte.

Desde un lenguaje bíblico narrativo se quiso compartir con los participantes los aprendizajes y las reflexiones que se podían extraer de la forma como se expresó y se evidenció la presencia del Espíritu Santo en la vida diaria de María, Jesús, los Discípulos y la Comunidad.

Se quiso llevar a los participantes a una vivencia y preparación para vivir la Fiesta de Pentecostés de una forma más cotidiana y para que aportaran a sus familias y a sus parroquias para que la vivencia de la Vigilia de Pentecostés fuera más impactante, confrontante y transformadora en todos los ámbitos de la vida humana.

Se desarrolló durante 4 sesiones de 3 horas y finalizó con un ágape que permitió conocer los impactos de lo aprendido y descubierto y, de manera muy experiencial, se hizo un compartir fraterno que estrechó los lazos de unidad y de testimonio.

Desde la comprensión que tiene el Centro Fuego Nuevo de valorar la inversión en tiempo y en servicio que expresan los evangelizadores a la Iglesia Católica, se certificó el taller enviando a los participantes para que, desde los criterios y líneas de la Nueva Evangelización, aportaran, desde una experiencia personal del Espíritu Santo, a dar respuesta a la tarea que tiene la Iglesia de anunciar la Buena Noticia ante los retos y desafíos que los cambios del mundo contemporáneo le presentan.

 

Redacción por: Juan Bedoya

Profesional Investigador del Centro Fuego Nuevo

Vigilia de Pentecostés 2019

“Espíritu Santo, Fuego Nuevo y Vida” 

El Centro Fuego Nuevo bajo la dirección del Padre Gonzalo Gómez, Eudista y la Parroquia Santa Ángela de Merici del Cortijo, Bogotá – Colombia, con su párroco el Padre Ricardo Ruiz, Diocesano, se unieron para preparar y desarrollar una celebración de la Fiesta de Pentecostés de la Iglesia Católica, desde los criterios de la Nueva Evangelización con los Agentes evangelizadores y toda la Comunidad parroquial.

La Vigilia se realizó el sábado 8 de junio de 2019 y tuvo su inicio a las 5:00 p.m. y finalizó con la celebración Eucarística de la liturgia de Pentecostés que suscitó una jornada de alabanza y unidad con más de 500 asistentes y participantes a quienes se invitó como interlocutores constructores de la actividad.

La metodología propuesta por el Centro Fuego Nuevo quiso potenciar y empoderar a los laicos, Agentes evangelizadores de la parroquia y se les invitó para que desarrollaran una catequesis sobre el Espíritu Santo a través de los Rostros de Pentecostés: Pentecostés de María (Lucas 1, 26ss); Pentecostés de Jesús (Mateo 3,13-17); Pentecostés de los Discípulos (Juan 20, 21ss) y, Pentecostés de la Comunidad (Hechos 2,1-16).

Cada Rostro fue abordado desde la lectura de los textos bíblicos y una explicación que sirviera para que los participantes llevaran a la cotidianidad la fuerza de Pentecostés y se lograra aportar a la transformación de la sociedad desde los dones y frutos que el Espíritu Santo otorga.

Se distribuyó a todos los asistentes en cuatro grupos para que conocieran las características de cada Rostro de Pentecostés, hicieran una construcción colectiva de los aprendizajes de la reflexión, identificaran una frase que resumiera la idea principal y se condensaran las ideas más sobresalientes que los participantes de cada grupo pudieran aportar.

Posteriormente, se unificó a toda la Comunidad parroquial y se expusieron las ideas principales de cada Rostro de Pentecostés que fue cerrado y concluido con las enseñanzas principales de dos expertos, el Padre Ricardo Ruíz, Párroco y el Padre Hermes Flórez y, con la representación artística de los niños y jóvenes de la parroquia que están siendo formados en las catequesis de primera comunidad y confirmación. Jóvenes que además se habían encargado de realizar la ambientación y decoración del lugar para la celebración.

Las frases que condesaron los participantes y que sirvió para precisar la enseñanza, fueron: “El sí de María que nos lleva al AMOR de Jesús”; “Mediante el bautismo de Jesús reafirmamos que somos hijos amados llenos de su Espíritu Santo”; “No tengas miedo os doy la paz” y, por último, “La unión en el servicio es el rostro del Espíritu de Dios”.

El arte también se expresó desde toda la unción del Espíritu Santo y como herramienta y vehículo en la aplicación de las nuevas simbologías y lenguajes para anunciar el Evangelio en línea de Nueva Evangelización. La animación musical fue realizada por los jóvenes de la parroquia que se unieron desde finales del 2018 y que han venido creciendo en la formación litúrgica y la animación de la comunidad parroquial. La Danza Carismática, oración por medio del cuerpo, se realizó con los servidores de la Renovación Católica Carismática y, el teatro, se concretó a través de pequeños sketches que recrearon pasajes bíblicos realizados por los niños y jóvenes de la comunidad.

El Centro Fuego Nuevo quiso recoger algunos testimonios que pudieran expresar los participantes y esto fue lo que dijeron:

El servidor en el Ministerio de música, Nelson Guacaneme, afirma: “Es el resultado del trabajo en equipo de la Comunidad Parroquial, gracias a la unión, a la colaboración y a la oración previa y durante la Vigilia vinos la vivencia del Espíritu Santo en la comunidad. Asistió mucha gente y vivimos con alegría la unción del Espíritu Santo. Fue un momento muy feliz lleno de mucha gracia y mucha bendición para la comunidad. Ese tipo de celebraciones nos anima a seguir trabajando cada vez más fuerte por la evangelización empezando por la parroquia en cada uno de los ministerios y así mismo nos une como comunidad, como servidores, como católicos y como familia parroquial nos une cada más alrededor del Espíritu Santo”.

Angélica Rodríguez, perteneciente al grupo juvenil de la parroquia, dice: “Esta Vigilia me pareció una experiencia muy bonita ya que fue un encuentro en la que pude sentir con más fuerza la acción del Espíritu Santo; pudimos recibir con mayor fuerza cada uno de los dones y frutos que el Espíritu nos da. También para agradecer por las cosas más mínimas que tenemos en nuestra vida hasta las cosas más grandes. También para pedir fortaleza y seguir adelante en medio de la oración y la alabanza que le damos a nuestro Señor. La verdad es que momentos como estos es que necesitamos en nuestra vida para conectarnos con el Señor y ser conscientes de que él ha estado con nosotros para cada momento en el que lo necesitemos. Son momentos íntimos en los cuales podemos comunicar con él y así tener una mejor experiencia desde lo más bonito de nuestras vidas”.

La servidora de la parroquia, Carolina Rincón, testimonia: “Con anterioridad tuvimos una preparación para esta Vigilia nos hablaron de los regalos que el Espíritu Santo da a su Iglesia. El día sábado, antes de la celebración eucarística, los catequistas trabajaron con la comunidad sobre los Rostros de Pentecostés en la Iglesia: de María, del Discípulos, de Jesús y de la Comunidad. Todos ellos dándonos a conocer cómo el Espíritu Santo se manifiesta y culminamos con una gran celebración eucarística hermosa, con alegría, con gozo y en unidad. Lo más importante fue vivir en familia con nuestra comunidad esta celebración”.

María Angélica Isaza, servidora de la parroquia afirma: “En nuestra parroquia tuvimos la participación de los seminaristas Eudistas del Minuto de Dios y del Centro Fuego Nuevo. Vivimos una Vigilia espectacular con muchísima unción y pudimos alabar al Señor a través de la oración, a través del encuentro con la comunidad, a través de la música, de la danza; los servidores estuvimos muy atentos, colaboramos y se sintió una fraternidad muy grande; pienso que el Espíritu Santo suscitó unas enseñanzas maravillosas que llevamos a varias familias. Tuvimos la fortuna de que la comunidad participara grandemente, contamos con muchísimas, muchísimas personas que vivieron esa Vigilia de Pentecostés y que sabemos que van a llevar ese Espíritu Santo, ese gozo, esa alegría a cada una de sus familias y de sus vidas. Seguimos orando para que el Espíritu Santo siga haciendo obras maravillosas en cada una de las personas que integramos la Parroquia Santa Ángela de Merici”.

Con el testimonio de esta experiencia de Pentecostés con una Comunidad parroquial concreta se evidencia cómo el Centro Fuego Nuevo ofrece y aviva los frutos de “una evangelización nueva en su ardor, en sus métodos y en sus expresiones” como lo dijo San Juan Pablo II, en Haití, en 1983.

Y con esta actividad el Centro Fuego Nuevo quiere evidenciar elementos en línea de Nueva Evangelización como: una Iglesia en salida; la construcción participativa de una comunidad avivada por la fuerza de la Palabra de Dios; el empoderamiento de los laicos comprometidos como Agentes evangelizadores; el ardor evangelizador de una comunidad avivada por la alabanza y la adoración en el encuentro personal con Jesucristo y, la utilización de nuevas metodologías y simbologías para comprender el Evangelio y traducirlo en acciones de construcción de una nueva sociedad.

 

Redacción por: Juan Bedoya

Profesional Investigador del Centro Fuego Nuevo

Oración Eremita en el siglo XXI

Si bien la vida eremítica ha sido abandonada gradualmente en la Iglesia Católica, aún existen religiosos que aseguran que esta vocación puede ser vivida en pleno siglo XXI, caracterizado por el avance de la tecnología en las comunicaciones.

Es el caso del Hermano Rex, un eremita de la Hermandad Little Portion de la Diócesis de Portland, ubicada en el estado de Maine (Estados Unidos), quien reconoce que esta es una vocación reconocida en la Iglesia y es mucho más que prácticas y aislamiento ascéticos.

“La gracia me atrajo a esta forma particular de discipulado. El ejemplo de los Padres y Madres del Desierto me atrajo a esta vida. También el ejemplo de muchos de los grandes santos a lo largo de la historia, como Francisco de Asís, un santo conocido que vivió como eremita por un tiempo antes de ser llamado a fundar una fraternidad religiosa de Hermanos”, contó el Hermano Rex en una entrevista concedida a CNA, agencia en inglés del Grupo ACI.

La palabra “eremita” proviene del griego “eremos”, que significa desierto o lugar aislado. La vocación de un eremita se hizo más popular entre los primeros cristianos, quienes, inspirados por santos como Elías y Juan el Bautista, deseaban vivir una vida apartada y, por lo tanto, se retiraron al desierto para vivir en oración y penitencia.

La definición de eremita se encuentra en el canon 603 del Código de Derecho Canónico, la norma que rige a la Iglesia Católica.

“§1. Además de los institutos de vida consagrada, la Iglesia reconoce la vida eremítica o anacorética, en la cual los fieles, con un apartamiento más estricto del mundo, el silencio de la soledad, la oración asidua y la penitencia, dedican su vida a la alabanza de Dios y salvación del mundo”, establece.

Un día en la vida de un eremita o ermitaño

El Hermano Rex asegura que uno de los aspectos más alegres de su vida es la oportunidad que el Señor le da “de pasar largas temporadas en el silencio de la soledad” para “estar en la presencia de Dios y del prójimo a través de la oración”.

“Un aspecto alegre de mi vocación es que tengo la bendición de ser parte de las vidas de otras personas, ya que me invitan a unirme a ellas a lo largo de su vida a través del ministerio de la oración intercesora”, relató.

El Hermano Rex cuenta que su día comienza alrededor de las 4:00 a.m., luego a las 5 dedica una hora a la Adoración al Santísimo Sacramento y luego asiste a Misa en una parroquia local a las 7:00 a.m.

Después de regresar de la Misa, desayuna y dedica el resto de la mañana a la Lectio Divina, y muy de vez en cuando atiende a alguna persona que concertó una cita para dirección espiritual.

“Después de la oración del mediodía y el almuerzo, la tarde (aproximadamente de 1:00 a 5:00 p.m.) es un período de trabajo durante el cual respondo al correo electrónico y recibo las solicitudes de oración”, explica el Hermano.

Más tarde, a las 5:00 p.m. reza las Vísperas; cena a las 5:30 p.m.; y su oración por la noche es a las 7:00 p.m. Finalmente, apaga las luces a las 8:00 p.m.

“Este horario es lo suficientemente rígido como para proporcionar estabilidad a mi vocación en el silencio de la soledad, pero lo suficientemente flexible como para hacer recados, citas con el médico, realizar tareas en la ermita, etc.”, aclara el Hermano Rex.

Sobre la vida de otros eremitas que conoce, afirma que rara vez se aventuran fuera de su ermita.

“Algunos ermitaños se aventuran un par de días a la semana a algún tipo de trabajo para proporcionar apoyo financiero. La cantidad de tiempo que un eremita pasa fuera o encuentra a otras personas está determinado en gran medida por la interpretación del Canon 603 en diálogo con su ordinario (obispo) o su representante, y la regla o plan de vida del eremita”, describe.

Al final de la entrevista, el Hermano Rex afirmó que “la vida eremítica es un llamado de Dios e incluye el amor a los demás”, y que se aleja de lo que algunos pueden considerar “misantropía”, a la que definió como una “respuesta psicológicamente desadaptada al mundo.”

Lo que rezo por otros católicos, cristianos no católicos y la sociedad en general es que ellos, como yo, venimos a experimentar la libertad, la felicidad y el gozo que provienen de someter la propia voluntad y vida al amoroso señorío de Jesucristo en cualquier estado de la vida se encuentran a sí mismos”, concluyó.

Autor: Redacción ACI Prensa

Fecha: 24 de abril de 2019

En: Aciprensa

La Oración Taizé

Una oración para cristianos del mundo actual que buscan a Dios

Unos 15.000 jóvenes llegaron el viernes 28 de diciembre a Madrid para participar en las jornadas de oración de Taizé, de los que unos 3.000 se alojaron en casas de amigos y parientes y otros 12.000 se alojaron en casas de perfectos desconocidos que se arriesgan abriendo sus puertas a extranjeros que tienen entre 17 y 35 años, muchos de ellos protestantes, ortodoxos o incluso jóvenes que están en plena búsqueda espiritual.

Los madrileños que abrieron así sus casas durante 4 noches, del 28 de diciembre al 1 de enero, participaron de lo que hace décadas y que llaman en Taizé una “peregrinación de confianza”. Es la confianza en Dios lo que lleva a la confianza en el peregrino extranjero.

Unas 150 parroquias madrileñas participan en coordinar esta acogida y reparto entre sus familias de peregrinos llegados de toda Europa, especialmente de Portugal, Francia, Italia, Ucrania, Polonia, Croacia y otras naciones. Todos los actos de la jornada, los talleres de distintos temas (sociales, espirituales, artísticos, culturales) y los momentos de oración en Ifema y en las parroquias, están abiertos a todo el mundo (de cualquier edad o sentir espiritual) y son gratis: se pueden consultar en TaizeMadrid.es .

El monasterio de Taizé está a punto de cumplir 60 años, y su experiencia de acogida arriesgada es aún más antigua: empezó en 1942, durante la II Guerra Mundial, cuando el joven protestante Roger Schutz escondía gente en este diminuto pueblecito, judíos y otras personas que huían de los nazis. Al cabo de unos meses de ocultar fugitivos, sabiéndose descubiertos, Roger y sus “invitados” huyeron a Suiza. Después de la guerra, volvió… y ahora a quien acogía era a prisioneros alemanes y a niños huérfanos o separados de sus padres.

Finalmente, en Pascua de 1949 siete jóvenes, protestantes de distintas iglesias y estilos, hombres que habían visto el horror de la guerra mundial, se comprometieron para toda la vida a guardar celibato, llevar una vida común de oración y vivir con una gran sencillez, fomentando la acogida y la unidad entre los cristianos y entre los hombres y los pueblos. En 1962, el Hermano Roger acudió al Concilio Vaticano II. En 1966 Taizé acogía su primera gran reunión de jóvenes europeos. Y en 1969 entraba por primera vez un hermano católico en la comunidad de religiosos.

Pasados casi 60 años, Taizé ya no es un experimento, sino una realidad consolidada: cada año pasan 70.000 jóvenes europeos por su monasterio en Borgoña, cerca de Autun, Cluny y Paray le Monial. Allí viven más de cien hermanos. A Taizé la han alabado los Papas y también otras iglesias cristianas. Muchos recuerdan al cardenal Joseph Ratzinger dando la comunión al Hermano Roger en los funerales de su común amigo Juan Pablo II en 2005. Pocos meses después, una loca acuchilló al anciano Hermano Roger en medio de una oración, ante multitud de testigos.

San Juan Pablo II con el Hermano Roger       

   

Un anciano Hermano Roger recibe la comunión del aún

cardenal Ratzinger en los funerales de Juan Pablo II en 2005 

¿Por qué Taizé, algo nacido en un pueblecito rural y en la II Guerra Mundial, una aventura ampliada en el postconcilio, sigue atrayendo hoy, después de la Guerra Fría, la Caída del Muro, la secularización brutal de Europa, la irrupción de Internet y las redes sociales?

Queda claro que los jóvenes de hoy, que tienen fácil viajar a cualquier sitio, no acuden allí por mero turismo, ni tampoco el viajar los atrae a los encuentros como el de Madrid, con un horario agotador de caminatas y oraciones y malísima comida enlatada y su famoso desayuno de galleta seca con aguacao (mucha agua y poca leche y cacao).

Podemos establecer 9 puntos fuertes de Taizé que la mantienen muy viva y relevante

1 – La oración con la música

La música meditativa y repetitiva de Taizé es su gran fuerza. No es emotivista ni sentimentalista ni es moralista. Es intemporal, es monacal, usa textos de los santos, de los Padres de la Iglesia, de autores del Oriente cristiano y de clásicos de Occidente como San Ignacio o Santa Teresa. Usa muchos textos de la Biblia. Y de algunos filósofos. Este año se incorpora y presenta en Madrid una canción con un texto del filósofo español Miguel de Unamuno. Esta es la letra que se repite y se medita uan y otra vez durante 5, 7, 9 minutos: “Tu palabra, Señor, no muere, nunca muere, porque es la vida misma, y la vida, Señor, no solo vive, no solo vive, la vida vivifica”. También abundan las canciones en latín, en griego y en eslavo eclesiástico, especialmente en antífonas, aleluyas y oraciones de perdón. Al ser repetitivos, son fáciles de aprender. Al usar varias voces, todo el mundo puede encontrar la suya propia.

2 – La oración con el silencio

Los monjes lo tienen muy claro: los jóvenes buscan silencio. ¡Nadie más lo ofrece: ¡ni el mundo, ni los amigos, ni la escuela! Ni siquiera en la parroquia hay casi silencio. Estar solo no garantiza silencio cuando tu móvil vibra sin cesar en el bolsillo. En la oración de Taizé, la música lleva a largos ratos de silencio orante. Y en Taizé, en Francia, llega mucha gente que solo quiere eso: silencio. Incluso en Madrid hay talleres que consisten en estar en silencio y escuchar a Dios.

3 – La estética visual: monástica, intemporal, no caduca

Al construir la iglesia grande de Taizé, toda de cemento, el Hermano Roger vio que era visualmente muy fría. La decoraron con telas cálidas. Y de los ortodoxos adquirieron la apreciación por las velas y los iconos. Y el hábito monacal: los jóvenes ven a los monjes siempre rezar con hábito, aunque en los talleres y tareas vistan de civil. La estética de Taizé no ha envejecido mal, se mantiene como algo intemporal, marca espacios y tiempos sagrados. Es monacal. Queda claro que es algo sacro, no profano.

4 – El ecumenismo de rezar juntos

En Taizé no se discute de teología: eso es para teólogos. En Taizé, los jóvenes protestantes aprenden a rezar con textos de San Ignacio y Santa Teresa y con iconos bizantinos. Aprenden que las iglesias históricas no “adoran imágenes”. Católicos latinos y protestantes aprenden que el Oriente cristiano guarda grandes tesoros. Las cartas del Hermano Roger estaban llenas de citas de Gregorio Nacianceno, Basilio el Grande, Isaac de Siria, San Juan Damasceno… y se cantan sus himnos. Los jóvenes ucranianos, rumanos, búlgaros, serbios, ven a los jóvenes de Europa occidental rezar como ellos, buscar a Dios. Los católicos entienden que la Iglesia es grande, muy grande. A veces admiran el conocimiento de la Biblia de los hermanos protestantes. Todos cantan juntos la misma melodía, aunque a veces cada uno en su lengua. Al final, queda una sensación: si es posible orar juntos, será posible hacer muchas más cosas buenas juntos, deducen los jóvenes.

5 – Momentos de moverse, momentos de estar quietos: orar con el cuerpo

Nuestra cultura superdigital es contradictoria: se hace poco ejercicio, uno se desplaza poco, todo lo puedes descargar desde el móvil. Incluso las asociaciones deportivas han perdido afiliación para jugar. Por otra parte, hoy la persona no está quieta, intenta hacer 4 cosas a la vez: escuchar la radio, ver su móvil, ver su ordenador, alguna tarea de casa…

Taizé es una peregrinación: has de moverte de un templo a otro, de un país a otro, es incómodo, cansa, has de llevar poco equipaje. Pero también es aprender a estar quieto: detenerte y rezar, detenerte y escuchar, esperar… Cada cosa a su tiempo, y no todo a la vez. Eso implica orar con el cuerpo: arrodillarse ante la cruz, incluso tocarla con la frente; sentarse con la espalda recta. El cuerpo también reza. En Semana Santa, en la iglesia de Taizé, muchos duermen en el mismo templo, abarrotado toda la noche: también eso es un abandonarse ante Dios.

6 – Como monjes: cultura de la simplicidad y austeridad 

En nuestra sociedad de consumo, es contracultural beber el aguacao de Taizé, su latita de carne insípida en conserva, dormir en el suelo rodeado de desconocidos, incluso rezar sentado en el suelo a veces frío… todo eso alimenta una cultura de la austeridad y sencillez. Los jóvenes tienen la sensación de poder vivir con poco… y buscando a Dios.

7 – Conocer al distinto, a veces al “enemigo” 

Serbios y croatas y bosnios, en un mismo retiro. Ucranianos de las mismas iglesias ortodoxas que ahora se están separando, junto con ucranianos grecocatólicos. O jóvenes que ven a sus hermanos llevar armas en la frontera de Lugansk. Irlandeses del norte, protestantes y católicos. Alemanes con polacos y franceses: en vida del Hermano Roger se mataban. Alemanes de las dos Alemanias. Independentistas catalanes con españolistas convencidos. Todos rezando juntos, o al menos haciendo cola juntos para merendar. El distinto no es tan distinto, reza contigo, duerme contigo, te acoge en su casa. Pero todo es peregrinación, porque la verdadera casa está en el Cielo. Lo demás, ¿ayuda a caminar hacia allí?

8 – Mística, no palabrerío 

El prior de Taizé suele publicar una carta al año, que es meditada durante todo el curso. Las homilías y meditaciones suelen ser breves: ¡hay que traducirlas a varios idiomas! Taizé usa palabras, pero no en largos discursos o sermones. Taizé ofrece mística: Palabra de Dios, silencio, contemplación… Los jóvenes invitan a otros jóvenes diciendo: “ven a rezar y a cantar, quizá te pase algo, quizá Dios te hable“. No dicen: “ven, que te darán grandes razones y argumentos”. La primacía está en la mística: invocar a Dios, y escuchar.

9 – No es un movimiento… y llega bien a alejados 

Taizé no quiere reclutar monjes ni socios ni organizar un movimiento con estatutos. De los 70.000 jóvenes que pasan por el monasterio, hay cientos que cada año se preguntan si deben quedarse. Muchos pasan un año como voluntarios, ayudando. Pero solo un año: después, se han de ir, Taizé no recluta monjes.

Taizé insiste en presentarse como una fuente: es un lugar donde uno se refresca, se fortalece… y sigue su camino espiritual. No es un lugar donde uno se queda. Eso hace que todo tipo de movimientos y realidades eclesiales puedan acudir a Taizé, o enviar a sus jóvenes. Además, al no pretender reclutar a nadie, los alejados de la Iglesia o buscadores espirituales pueden ser invitados de una forma abierta. “Ven y verás”, la invitación de Jesús.

Como contrapartida, si bien Taizé es muy nutritiva para quien está empezando en el camino de la fe, para alejados, para cristianos jóvenes o con poca experiencia de oración, y para las personas con sensibilidad más contemplativa, no es una herramienta adecuada para crecer mucho en la fe para quienes ya sean cristianos razonablemente maduros, los que ya han vivido el poder de la oración, la comunidad, la Palabra de Dios o la fuerza efusiva del Espíritu Santo. Sin embargo, sus encuentros de oración, y el monasterio mismo, siempre serán lugares de reposo y sanación para todos los cristianos que vayan buscando a Dios.

Todo esto está ahora accesible en Madrid durante cuatro días: las actividades y momentos de oración se pueden consultar en: https://taizemadrid.es

 

Autor: Pablo J. Ginés

Fecha: 28 diciembre 2018

En: Religión en Libertad

Oración Narrativa para Agentes de Evangelización

AGENTES DE EVANGELIZACIÓN DE LA ESCUELA MINUTO DE DIOS – SEDE NORTE

El Centro Fuego Nuevo realizó el taller “Pentecostés de los Servidores” con los Agentes pastorales de la Escuela de Evangelización del Minuto de Dios, Sede Norte. A través de 4 encuentros se construyeron aprendizajes frente a los 4 rostros de Pentecostés: Pentecostés de María; Pentecostés de Jesús; Pentecostés de los Discípulos y Pentecostés de la Comunidad.  La explicación narrativa bíblica y la aplicación de lo reflexionado a un lenguaje de oración cotidiano como fruto de un Pentecostés personalizado permitió que los participantes se sintieran enviados a aportar, desde las líneas y criterios de la Nueva Evangelización, a la transformación social y a responder a los retos y desafíos que enfrenta la Iglesia ante los cambios del mundo contemporáneo.

Los participantes valoraron el impacto de este taller a partir de expresiones como:

  • “Este taller me ha permitido pasar por los diferentes Pentecostés que tuvo María, Jesús, los Discípulos y la Comunidad. María tuvo un continuo Pentecostés porque el Espíritu Santo la asistió siempre. María continuó viviendo su Pentecostés con Jesús hasta el momento en el que él entrega su Espíritu y Resucita. Hoy en día, uno como “servidor”, lleva a María, a Jesús, es discípulo y vive en Comunidad de Iglesia. Lo importante es asumir las actitudes de los discípulos y apóstoles en la vida diaria porque esto no es tan fácil”.
  • “Este es el mejor Pentecostés que he vivido en mi vida porque personalmente me ha hecho mirar toda mi vida, como en una película. Nunca había profundizado tanto sobre el Pentecostés de un discípulo y de los seguidores de Jesús. No solamente es vivir Pentecostés en estos 50 días si no en cada día de mi vida, vivir un Pentecostés como ejemplo María, como Jesús, que han sido siempre mi guía pero que me faltaba profundizar un poco más en mi vida y en la de mi familia que en algún momento, por querer tener el mundo, me olvide de ellos y que ahora estoy recuperando y quiero resarcir eso con las nuevas generaciones de mi familia y que me vean como un testimonio de vida”.
  • “Me gustó mucho la profundidad en la Palabra. Afirmó que yo fui muy feliz en esa metodología de la narrativa. Para mí era un cuentico que no quería que se acabara el taller y que continuara (…) Sería bueno que se hicieran más talleres sobre el Espíritu Santo porque por eso es que no hemos podido ser verdaderos testigos, porque no tenemos el Espíritu Santo, no estamos llenos del Espíritu Santo. Y, estoy convencida que si no estamos llenos del Espíritu Santo en nuestra debilidad y nuestra miseria humana no podemos dar el verdadero testimonio”.
  • “Fue un taller de ilustración. Descubrir en cada rostro que la oración es la que une y llama al Espíritu Santo. En mí, personalmente, me ha costado mucho orar. Lograr decir el sí de María, llevar las cosas en mi corazón como ella lo hizo, como imagen de madre, eso es muy valioso; de Jesús, la obediencia al Padre y cumplir siempre su voluntad es otro camino que yo he venido tratando de hacer y que ahora con la ayuda del Espíritu Santo quizá lo siga haciendo; el de los Discípulos, cómo ellos también, por la fe, ir de la frustración, del desencanto a la esperanza, eso me pareció muy lindo; y el de la Comunidad, es que nosotros solos no podemos nada, con la ayuda del Espíritu Santo y en comunidad es que podemos lograr. Son caminos y pasos que tengo que seguir.

Desde una “evangelización nueva en su ardor, en sus métodos y en sus expresiones” el Centro Fuego Nuevo quiere avivar, motivar e impulsar a los evangelizadores que desde su cotidianidad ayudan a la Iglesia en su tarea de anunciar el Evangelio en una sociedad liquida, fluctuante y controversial. Desde el núcleo de la familia estos agentes generan diálogos fructuosos con las nuevas generaciones y obtienen las herramientas necesarias para hacer parte de una Iglesia en Salida y en permanente Conversión Pastoral.

 

Redactado por:        Juan Bedoya

                                   (Investigador del Observatorio del Centro Fuego Nuevo)

 

Evangelizadores con Espíritu

9 Consejos del Papa Francisco para hacer apostolado

Hemos celebrado Pentecostés hace unas semanas, y como no hubo regalos bajo un árbol ni huevos de colores esperándonos al amanecer, queda la sensación de que es una celebración menor. El comercio no ha hecho de las suyas con esta fiesta y para muchos pasa como simple efeméride religiosa que forma parte del calendario litúrgico, pero no. Pentecostés no solo es una fiesta en que recordamos, una experiencia mística de un grupo de cristianos del primer siglo, sino que una experiencia real que los cristianos de hoy en día estamos llamados a vivir y experimentar; que nos hace Iglesia y nos envía a la misión.

De las cosas que el Espíritu Santo hizo ese día en los discípulos, podemos quedarnos con aquello sobrenatural, lo del fuerte viento y las lenguas de fuego, o bien mirar con más generosidad y contemplar cómo el nacimiento de la Iglesia es el nacimiento de una comunidad intrínsecamente misionera, donde su identidad más profunda se explica solo desde la misión. Ellos no recibieron el Espíritu Santo para sí mismos, para ser consolados y confortados por haber quedado sin su líder, sino que ese Espíritu es el que los envía a comunicar lo vivido, lo aprendido y lo revelado durante el tiempo con Jesús

Ese primer impulso misionero llega hasta nuestros días y ha hecho que yo, sentado en mi escritorio en Temuco, a 800 km al sur de Santiago, la capital de Chile, donde se acaba el mapa, sea alguien que ha recibido esa Buena Noticia de Jesús y haya recibido el don de la fe. Hasta acá ha llegado ese impulso misionero del Espíritu Santo y aún tiene cuerda para rato.

Nosotros, cristianos de hoy en día, estamos llamados a seguir renovando ese impulso misionero. El papa Francisco, haciendo eco de la gran necesidad de mantener ese fervor evangelizador, hace unos años nos regaló la «Evangelii Gaudium», una exhortación apostólica sobre el anuncio del Evangelio en el mundo actual. El capítulo final de este texto es titulado: «Evangelizadores con Espíritu», donde más que recomendaciones metodológicas sobre cómo salir a evangelizar, nos da ideas para mantener vivo ese espíritu misionero, ese que experimentaron los apóstoles luego de Pentecostés.

*Para referirnos a la «Evangelii Gaudium», pondremos sus siglas EG.

1. ¿Qué es un evangelizador con Espíritu?

Son evangelizadores que se abren sin temor a la acción del Espíritu Santo,son esos que ya no cuentan con sus propios planificaciones, métodos y recursos, sino que comprenden que esto va más allá de ellos mismos. Un Evangelizador con Espíritu no es simplemente un funcionario voluntario de la Iglesia que cumple las tareas que le son asignadas como una carga o una responsabilidad. Más bien, arde en su corazón el fuego del Espíritu y no puede contener su fuerza, que lo mueve a comunicar la buena noticia.

«En Pentecostés, el Espíritu Santo hace salir de sí mismos a los apóstoles y los transforma en anunciadores de las grandezas de Dios que cada uno comienza a entender en su propia lengua… Les infunde la fuerza para anunciar la novedad del Evangelio con audacia, en voz alta y en todo tiempo y lugar incluso a contracorriente» (EG 259).

2. ¿Qué hace un evangelizador con Espíritu?


Ora y trabaja.
 Se dedica a lo pastoral y a lo espiritual reconociendo que ninguna de las dos cosas es más importante que la otra: que las propuestas místicas sin un fuerte arraigo espiritual se quedan en lo teórico y que los discursos y prácticas misioneras sin una fuerte vida de oración y espiritualidad se quedan vacías y se disuelven en mero voluntarismo.

«Estas propuestas parciales y desintegradoras solo llegan a grupos reducidos y no tienen fuerza de amplia penetración, porque mutilan el Evangelio» (EG 262).

3. ¿Qué motiva a un evangelizador con Espíritu?

Es movido por el encuentro personal con Jesús. No hay ideologías, catequesis, mensajes motivadores, cartas papales ni retiros espirituales que lo hagan a uno un evangelizador con Espíritu. Siempre es una experiencia personal de encuentro con el Resucitado. «La primera motivación para evangelizar es el amor de Jesús que hemos recibido» (EG 264).

Esa experiencia es la que busca salir de nosotros y quiere ser compartida con otros, siente un deseo de ser comunicada y mueve nuestros “quereres y voluntades” para convertirnos en agentes evangelizadores. Por eso es necesario clamar a diario para que Jesús siempre nos mantenga enamorados, que vuelva a encantarnos y cautivarnos, y al mismo tiempo, nosotros disponer nuestro corazón para dejarnos enamorar y conquistar por el Amor de los amores, ese que pide ser compartido con otros.

4. El evangelizador con Espíritu tiene esperanzas en que su misión es relevante para los demás

«El misionero está convencido de  que existe ya en las personas y en los pueblos, por la acción del Espíritu, una espera, aunque sea inconsciente, por conocer la verdad sobre Dios, sobre el hombre… El entusiasmo por anunciar a Cristo deriva de la convicción de responder a esa esperanza» (EG 265).

Aunque a veces perdamos el entusiasmo por sentir que somos sembradores que tiran la semilla entre piedras, espinos o se las comen los pájaros a la orilla del camino, guardamos en nuestro corazón la esperanza de que aquello que es nuestro tesoro es también valioso para los demás, incluso aunque no lo sepan. Es importante mantener esta esperanza, creer que aquello que cambió nuestra propia vida cambiará también la de todo el mundo. «Una persona que no está convencida, entusiasmada, segura, no convence a nadie» (EG 266).

5. Un evangelizador con Espíritu tiene gusto espiritual de estar cerca de la gente


No se entiende un evangelizador en una oficina, metido en papeles y trámites, que se sienta incómodo con la gente,
 con la calle, con el ruido. A modo de testimonio personal he visto cómo amigos míos, matrimonios jóvenes con niños pequeños, han ido dejando de participar en actividades pastorales porque no eran bienvenidos con el ruido y el desorden propio de los pequeños; veo como jóvenes no encuentran espacios de desarrollo más allá que el voluntariado, mover bancas, disfrazarse de algo para el Vía Crucis o el Pesebre y ser útiles, mas no valiosos; cómo adultos de edad media no encuentran espacios acorde a sus necesidades y desafíos, sino que solo hay espacio para servir, no para ser oveja; y cómo los pobres y sencillos son solo objeto de caridad, pero pocas veces de vida espiritual y mucho menos se les abre la puerta para servir y ofrecer sus dones.

«Para ser evangelizadores de alma también hace falta desarrollar el gusto espiritual de estar cerca de la vida de la gente, hasta el punto de descubrir que eso es fuente de un gozo superior. La misión es una pasión por Jesús, pero, al mismo tiempo una pasión por su pueblo» (EG 268).

6. Un evangelizador con Espíritu es un buen comunicador

No se trata de técnicas ni estrategias comunicativas planificadas y preparadas de antemano, se trata de una actitud, de una forma de acercarse a los demás, esa forma que vive la Iglesia primitiva. Solo puede ser misionero alguien que se sienta bien buscando el bien de los demás, deseando la felicidad de los otros.

«Se nos invita a dar razón de nuestra esperanza, pero no como enemigos que señalan y condenan. Se nos advierte muy claramente “Hacedlo con dulzura y respeto” (1 Pe 3, 16), y “en lo posible y en cuanto a vosotros dependa, en paz con todos los hombres” (Rm 12, 18)… Sin pretender aparecer como superiores, sino «considerando a los demás como superiores a uno mismo» (Flp 2, 3). De hecho, los Apóstoles del Señor gozaban de “la simpatía de todo el pueblo” (Hch 2,47; 4, 21.33)» (EG 271).

7. Un evangelizador con Espíritu no cae preso del pesimismo

«Algunas personas no se entregan a la misión, pues creen que nada puede cambiar y entonces es inútil esforzarse. Piensan así: “¿Para qué me voy a privar de mis comodidades y placeres si no voy a ver ningún resultado importante?”. Con esa actitud se vuelve  imposible ser misionero» (EG 275).

El testimonio de los discípulos luego de Pentecostés nos relata que ellos tenían todo en contra para lograr sus objetivos misioneros, pero sabemos que en cuanto salieron a predicar: «El Señor colaboraba con ellos y confirmaba la Palabra» (Mc, 16, 20), y eso debe ser lo que nos anima, aun cuando los frutos esperados no sean visibles.

«A veces nos parece que nuestra tarea no ha logrado ningún resultado, pero la misión no es un negocio ni un proyecto empresarial, no es tampoco una organización humanitaria, no es un espectáculo para contar cuánta gente asistió gracias a nuestra propaganda» (EG 279). Es mucho más que eso y las estadísticas nunca lograrán medir cuánto ha cambiado una vida, nunca podrán cuantificar lo que experimenta una persona al sentirse perdonada, con esperanza o abrazada con misericordia.

8. Un evangelizador con Espíritu confía en la acción del Espíritu Santo

Un evangelizador así reconoce que depende de la acción del Espíritu en su tarea misionera y tiene una decidida y voluntaria confianza en Él, porque «Él viene en ayuda de nuestra debilidad» (Rm 8, 26) cuando la tarea se pone cuesta arriba.

Cuando se confía en la acción del Espíritu Santo «no hay mayor libertad que la de dejarse llevar por el Espíritu, renunciar a calcularlo y controlarlo todo, y permitir que Él nos ilumine, nos guíe, nos oriente y nos impulse hacia donde Él quiera. Él sabe bien qué hace falta en cada época y en cada momento. ¡Esto se llama ser misteriosamente fecundos!» (EG 280).

9. Un evangelizador con Espíritu va de la mano de María

«Con el Espíritu Santo, en medio del pueblo siempre está María. Ella reunía a los discípulos para invocarlo (Hch 1,14), y así hizo posible la explosión misionera que se produjo en Pentecostés. Ella es Madre de la Iglesia evangelizadora y sin ella no terminamos de comprender el espíritu de la nueva evangelización» (EG 284).

No se trata solo de llevar el rosario en la mano y recitar un par de “Avemarías” antes de salir a tocar puertas, sino que se trata de estar con ella, recibirla como Madre y que en nuestro camino personal y comunitario, su compañía nos vaya educando para relacionarnos con el Espíritu Santocomo ella lo hacía a ser portadores de La Buena Noticia de Jesús, tal como lo hizo ella.

Fecha: Julio 4, 2017

Autor: Sebastián Campos

En: Catholick Link

La conciencia ecológica en la sociedad contemporánea

Una Ecología Humana

Vemos con preocupación manifestarse en nuestro tiempo una creciente confusión antropológica que presenta múltiples y preocupantes síntomas. Por mencionar solo algunos, podemos anotar la confusión entre orientación e identidad sexual, la creciente pretensión de reclamar el aborto como derecho y conquista, la presentación del ser varón o mujer como materia de opción personal, la reducción de la sexualidad a mero instrumento de gozo y placer, los intentos de re-definir el matrimonio… la lista podría prolongarse…

Esta confusión reclama orientaciones y luces para el camino. La Iglesia, experta en humanidad, [1] sabe que debe prestar al mundo la diakonía de la verdad sobre el ser humano, varón y mujer, anunciándola y proponiéndola con métodos claros, nuevos y creativos. En el contexto confuso de la actualidad, la Iglesia parece tener cada vez más una tarea particular como baluarte donde preservar el orden de la naturaleza en ámbito humano.

En este contexto, el Santo Padre Benedicto XVI ha hablado en diversas ocasiones de la necesidad de defender la creación, consciente de que este tema resuena en la sensibilidad de los hombres y mujeres de nuestro tiempo. Sin embargo, es interesante notar como el Papa subraya que una parte fundamental de esta defensa de la naturaleza debe tener lugar protegiendo al hombre contra la destrucción de sí mismo, promoviendo una “ecología humana.”

¿A qué se refiere Benedicto XVI cuando habla de una ecología humana? Leyendo sus intervenciones [2] es interesante notar como el Papa no tiene en mente solamente un compromiso por la defensa de lo creado que tenga en cuenta también al ser humano. Su idea de «ecología humana» va más allá. Se refiere a recordar que el hombre mismo es parte de la naturaleza y a apreciar y acoger su lenguaje propio, lenguaje que encuentra inscrito en su ser; se refiere a respetar el orden de la naturaleza en la vida misma del ser humano, por el cual existe siempre y solo como varón y como mujer. El Papa nota con preocupación cómo cuando el hombre ignora este hecho y desprecia el orden de la creación, se va encaminando a la destrucción de sí mismo, creando la ilusión de una falsa libertad y una falsa igualdad. Nos ha alertado además ante la ilusión por la cual el hombre cree ser pura libertad que se crea a sí mismo, prescindiendo o creyendo poder prescindir, del dato de la naturaleza, que en cambio es condición de posibilidad de la libertad misma. Ha mencionado en sus reflexiones el término gender como promotor de este problemático intento de emancipación de la creación y del Creador.

En la Encíclica Caritas in Veritate decía: «Si no se respeta el derecho a la vida y a la muerte natural, si se hace artificial la concepción, la gestación y el nacimiento del hombre, si se sacrifican embriones humanos a la investigación, la conciencia común acaba perdiendo el concepto de ecología humana y con ello de la ecología ambiental. Es una contradicción pedir a las nuevas generaciones el respeto al ambiente natural, cuando la educación y las leyes no las ayudan a respetarse a sí mismas.»[3]

Como el Papa nota, hay una especie de esquizofrenia en nuestra cultura, por la cual se promueve, justamente, el respeto por la naturaleza en todos los ámbitos; pero este respeto no parece referirse en los mismos términos al ámbito humano. En la vida humana, en cambio, parece abrirse campo cada vez más lo artificial y se presenta como un deseable “control”, como “libertad,” como “posibilidad de opción”, “progreso” o “conquista”.

El problema decisivo de la salvaguarda de la naturaleza, nos dice el Papa, «es la capacidad moral global de la sociedad. … Los deberes que tenemos con el ambiente están relacionados con los que tenemos para con la persona considerada en sí misma y en su relación con los otros. No se pueden exigir unos y conculcar otros. Es una grave antinomia de la mentalidad y de la praxis actual, que envilece a la persona, trastorna el ambiente y daña a la sociedad.»[4]

Mirando atrás, a la historia de la Iglesia, encontramos como ante graves crisis culturales y momentos de fuertes cambios fue en el seno de la Iglesia donde valores primordiales de la cultura fueron preservados y luego transmitidos a las posteriores generaciones. Por eso es que ante las problemáticas que constatamos en nuestro tiempo, ante el hombre que ha perdido cada vez más el sentido de su propia identidad y dignidad, parece acrecentarse el llamado a la Iglesia a ser aquel baluarte donde se “salvaguarde” lo humano, entendiendo esta salvaguarda no como un encerrarse en sí mismos, aislándose, sino como una preservación de la verdad, de la libertad, de la dignidad y vocación humanas tal y como han sido queridas por el Creador, para transmitirlas con fidelidad a las generaciones venideras.

[1] Cfr.  S.S. Pablo VI, Carta Encíclica Populorum Progressio sobre la necesidad de promover el desarrollo de los pueblos, 13; Congregación para la Doctrina de la Fe, Carta a los Obispos de la Iglesia Católica sobre la colaboración del hombre y la mujer en la Iglesia y en el mundo, Vaticano, 31 mayo 2004, 1.

[2] Cfr. por ejemplo: S. S. Benedicto XVI, Discurso a la curia romana con ocasión del intercambio de felicitaciones por la Navidad, 22 de diciembre de 2008; Discurso en la visita al Parlamento Federal, Reichstag – Berlín, 22 de septiembre de 2011.

[3] Benedicto XVI, Carta Encíclica Caritas in Veritate, 51.

[4] Ibidem.

Fecha: Marzo – abril 2012

En: Página del Consejo Pontificio Para los Laicos

Por: Ana Cristina Villa Betancourt